Entrevista a SibiliaThis is a featured page

Diálogo con la Antropóloga Paula Sibilia.


¿De qué trata el libro?
Es una reflexión bastante amplia sobre cómo las nuevas tecnologías, en especial dos áreas de la tecnociencia, la teleinformática y las nuevas ciencias de la vida (genética, neurociencia, biología molecular), y sus descubrimientos recientes están afectando en la última década la forma en que pensamos la vida, la naturaleza y el cuerpo, y también, nuestra concepción de ser humano.

¿Y cómo analizó eso?
Mi estrategia fue contrastar el momento contemporáneo con la modernidad y, a pesar de las continuidades, intenté subrayar las rupturas, enfatizar lo que hay de distinto entre las dos épocas en lo que refiere a las máquinas y al cuerpo. Así hago un recorrido por la transición entre la metáfora del “hombre-máquina” (la figura del sujeto robotizado, mecanizado, el mundo como máquina y reloj, las leyes mecánicas como formadoras del universo) y otro conjunto de metáforas que ahondan más en lo digital que en lo mecánico y analógico.

En la introducción de El hombre postorgánico dice que se está terminando la edad del hombre, ¿a qué se refiere?
Todos estos discursos sobre lo posthumano, lo postorgánico, la postevolución de los últimos años que aparecen en el ámbito académico, en el arte, la literatura, se basan en el discurso del cuerpo obsoleto y del hombre como algo limitado. Lo que impera se podría definir como la “tiranía del upgrade”: la constante necesidad de mejorar la condición humana, potencializarla, superar los límites que son relativos a la configuración orgánica del cuerpo humano tanto a lo espacial –de ahí la importancia de los celulares (estar siempre conectado a las personas) y de internet (tener acceso al mundo) que eliminan las distancias– como lo temporal –la lucha contra el envejecimiento, las enfermedades, contra la muerte–. Son discursos que tienen mucha resonancia. Indican inquietudes presentes.

Lo que está diciendo es que con la tecnología actual no sólo cambia nuestra forma de contacto con el mundo sino también la imagen que tenemos de nuestro cuerpo, ¿no?
Claro. Ahora se están generando otro tipo de cuerpos, más ávidos que disciplinados. Sería otro perfil subjetivo el que sería privilegiado, estimulado. Es un cuerpo también ansioso, superexcitado, incitado a consumir constantemente, un cuerpo que quiere siempre algo nuevo, experiencias extremas, lo cual antes estaba mal visto.

¿Cambia la noción de confort que siempre estuvo asociada a la tecnología?
Va cambiando de forma. Antes lo confortable era quedarse en casa, protegido del mundo. Ahora probablemente el confort sea otro: es tener acceso a información de todo tipo todo el tiempo, acceso a sensaciones nuevas. La gran distinción contemporánea no sería poseer cosas sino tener experiencias únicas, ser un coleccionista de sensaciones.
Y por ende también cambia la idea de intimidad. Eso se ve un poco en el auge de los blogs o cuadernos personales en internet.
“Si no me ven en una pantalla, no existo”, sería la idea en boga.
Tristemente, tanto como que no tenemos más espacio


Nota completa:
http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-59834-2005-11-30.html#inicio



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